Los daños producidos por la radiación solar se van acumulando en la piel y se traducen en la perdida de colágeno y elastina, que conllevan a la aparición de flacidez, arrugas y cambios de pigmentación en la piel. El rostro pierde su luminosidad, aparecen manchas y lineas de expresión que le dan al rostro un aspecto de envejecimiento.